Tres decepciones y una grata sorpresa
Por Redacción • 12 Sep 2010 a las 21:11 • Categoría: Crónicas, La jornadaTres jornadas empiezan a ser suficientes para valorar el arranque de una temporada. 270 minutos de fútbol no coronan a un campeón ni certifican un descenso pero tampoco un sorbito de vino alcanza para regar toda una noche de buena conversación y en cambio sirve para determinar la calidad del caldo. Catemos, pues, este inicio de la Bundesliga 2010-11 centrándonos en cuatro de sus rasgos más sorprendentes: tres decepciones y una grata sorpresa.
>> Schalke 04: Magath en apuros
La decepción con mayúsculas. Cero puntos en tres partidos para un club que ha desembolsado más de 37 millones de euros en un verano marcado por la recesión. Grandes nombres del fútbol planetario como Raúl, Jurado o Huntelaar han tenido que buscar Gelsenkirchen en los GPS de sus coches pero sus llegadas no están enderezando el rumbo del club minero.
Al frente de la nave, Felix Magath. Doble responsable del desaguisado en su doble calidad de entrenador y mánager, y por la que percibe un doble salario. A la salida de Hoffenheim aseguró haber visto “un buen partido” y estar “satisfecho” con el juego de su equipo. Un intento más por disimular una enorme decepción: la distancia con la realidad (un Schalke flojísimo en defensa y sin ideas en la zona de creación) comienza a ser tal que las palabras de Magath, lejos de maquillarla, la revelan con mayor crudeza si cabe.
Los aficionados del Schalke llevan ya unas semanas cuestionando a Magath, a quien reprochan unas maneras casi dictatoriales de gestionar un club tan especial como el de los mineros del Ruhr. Ahora, los medios de comunicación germanos comienzan a hacer lo propio ante los resultados de esa polémica gestión. “Ha invertido mucho dinero de medio campo para adelante, pero el verdadero problema está en la defensa”, afirma Christoph Ruf en Der Spiegel. Como icono del desastre en la retaguardia azulona se adivina el regreso del ex-madridista Metzelder: se suponía que debía convertirse en el caudillo de la zaga (y desde ahí ganarse el regreso a la Mannschaft), pero dos partidos han bastado para que Magath lo desplazara al lateral derecho. El viernes, en una posición que no es la suya, Metzelder aguantó medio partido. En el descanso fue sustituido después de que los rápidos atacantes del Hoffenheim convirtieran las bandas del Schalke (Sarpei por la izquierda, Metzelder por la derecha) en sendas autopistas hacia Neuer.
Magath tiene mucho trabajo. Falta cohesión -el viernes había cinco fichajes en el once inicial- y sobre todo tranquilidad para revertir el peor arranque liguero desde 1987 (y en aquella ocasión, el Schalke acabó descendiendo al término de la temporada). Pero tranquilidad es precisamente algo que el calendario no le va a conceder al Schalke: este martes visita al Lyon en Champions y el fin de semana recibirá al Borussia de Dortmund en un clásico marcado por la rivalidad extrema que se profesan ambos cuadros. Dos pruebas de peso que definirán la madurez del arriesgado proyecto de Magath.
>> Wolfsburgo: el agujero de la Volkswagen
39 millones de euros, tantos como ningún otro equipo en Alemania, ha invertido la automotriz en su ‘juguete futbolístico’, un capricho en el que tiene mucho que ver Francisco Javier García Sanz, responsable de compras del grupo Volkswagen. Español de nacimiento pero criado en Alemania, García Sanz ejerce como presidente de facto del cuadro verdiblanco. Él dió el visto bueno, este verano, al ambicioso ‘plan Renove’ del Wolfsburgo: incorporaciones como Friedrich y Kjaer en defensa, Cicero en la medular o Mandzukic en la delantera respondían al intento de aparcar a los ‘Lobos’ junto a los Fórmula1 del balompié germano. Para conducir el bólido, García Sanz y su mano derecha, Dieter Hoeneß -mánager del club desde hace nueve meses- sentaron en el volante a Steve McClaren, el primer mister inglés de la historia de la Bundesliga. Y sobre todo hicieron dos apuestas que revelan la ambición de su proyecto: recuperar a Diego para el torneo alemán y retener en él a Edin Dzeko.
Sin embargo, el Wolfsburgo ha acusado cierto mal de altura en este comienzo de temporada, como si al nuevo rico se le hubiera indigestado semejante atracón de millones. Tres partidos, tres derrotas, algunas más justificables que otras, pero en general con una norma común: una alarmante falta de concentración. En el debut liguero, ante el Bayern, un despiste en la prolongación malbarató un meritorio empate en el Allianz-Arena (2-1) mientras que en la segunda jornada, la pájara se extendió a toda la segunda parte, en la que los hombres de McClaren sepultaron una ventaja de 3-0 (3-1 al descanso) para terminar cayendo 3-4 ante el Maguncia.
Siguiendo la progresión, en la tercera fecha, ante el Borussia Dortmund, los ‘Lobos’ ampliaron su empanada a los 90 minutos y besaron la lona con justicia por 2-0. Un remate lejano de Edin Dzeko que repelió el larguero y una serie de regates ornamentales pero nada prácticos de Diego constituyen un pobre bagaje ofensivo para un club que se ha marcado la presencia constante en Champions como objetivo. “Tenemos que trabajar mucho, tenemos una serie de procedimientos inexplicables”, admite Dieter Hoeneß. “Sabemos que la presión sobre nosotros va a aumentar”, reconoce por su parte Steve McClaren. Por primera vez en sus catorce temporadas en la élite, el Wolfsburgo comienza perdiendo los tres primeros partidos: el Volkswagen más tuneado de la historia se ha calado en la línea de salida.
>> Stuttgart: perdiendo valor desde el título liguero
A diferencia de las otras dos decepciones, el Stuttgart encarna un club de la zona media-alta que no atraviesa una época especialmente boyante. La consecución de la Bundesliga en 2007, la tercera de su historia, no alteró la esencia de un club señero a nivel regional pero sin las ínfulas de grandeza de Schalke o Wolfsburgo.
El verano en la capital de Baden-Wurttemberg ha estado marcada por la marcha de Sami Khedira al Real Madrid. El germano-tunecino cierra, con su adiós, un ciclo de despedidas que han trasformado, para peor, al cuadro del Daimmler-Stadion. Del once titular que levantó el título liguero en 2007 sólo quedan dos jugadores: el central Delpierre y el ariete Cacau. Todos los demás (entre ellos, el entonces prolífico goleador Mario Gómez) han ido abandonado la disciplina del VfB a cambio de unos 50 millones de euros, mientras se despilfarraban 49 para tratar de suplir sus ausencias.
El resultado es un cuadro en permanente renovación, sin un espíritu ni un líder definidos tras la marcha de Khedira, y con un entrenador en la cuerda floja (Christian Gross es el técnico que, ahora mismo, tiene más números para engrosar las listas del paro en Alemania). Pogrebnyak y el veterano Mauro Camoranesi se adivinan como principales activos futbolísticos de este Stuttgart ‘low cost’. El sábado, tercera derrota en tres partidos, ante el modesto Friburgo. “Después de una buena primera parte nos hemos echado demasiado atrás. Hemos empezado la liga fatal, pero tenemos que salir por nuestros propios medios”, advierte Gross.
Khedira, la batuta ausente, señalaba estos días que tal vez el Stuttgart debería replantearse sus metas para las próximas temporadas, “dejar de pensar en ocupar puestos europeos y contentarse con construir un nuevo bloque”. Palabra de líder.
>> Hoffenheim: la progresión de Ragnick
¿Se puede hablar de sorpresa cuando uno se refiere al Hoffenheim? Sí, si atendemos a su dimensión social, al tamaño de la población que representa… pero todo eso ya se da por archiconocido desde su debut en la máxima división del balompié germano hace ahora dos temporadas. En cambio, si atendemos a la calculada progresión del club, siempre bajo la acertada égida de Ralf Ragnick, el liderazgo tras un pleno de victorias en los tres primeros encuentros de esta campaña es el fruto de un plan perfectamente ejecutado.
Aquel primer curso en el que los azulones de la aldea (3.500 habitantes, incorporados al municipio vecino de Sinsheim) pisaron el escalafón más alto del fútbol teutón, sorprendieron a propios y extraños con un fútbol vertiginoso practicado por anónimos. Así se hicieron con el campeonato de invierno (en Alemania, denominado acertadamente ‘de otoño’) ante la ojiplática mirada del periodismo deportivo. La segunda vuelta no fue tan completa pero aún así terminaron octavos, un puesto sumamente meritorio al que se sumaría la temporada siguiente una undécima posición.
Este verano, la marcha de una de sus estrellas emergentes, el brasileño Carlos Eduardo al Rubin Kazán ruso (por 20 millones de euros), lejos de debilitar al grupo lo ha fortalecido. Andreas Beck, ha ascendido a capitán -el más joven de la Bundesliga- y comparte la responsabilidad con otros futbolistas emergentes como Ibisevic, Salihovic, Tobias Weis o Marvin Compper. “En demasiadas ocasiones, la temporada pasada no fuimos un auténtico equipo”, reconoce el goleador Ibisevic. “Ahora se nota que el ambiente es mucho mejor”, enfatiza el rematador. No es extraño que ninguno de ellos sobrepase los 26 años de edad: la de Hoffenheim es la plantilla más joven de la Bundesliga, con poco más de 23 años de promedio.
Con Demba Ba, Mlapa, Ibisevic, Salihovic y el recién llegado Sigurdsson, Ragnick posee un amplio abanico de jóvenes descarados en vanguardia. Por detrás, el veterano Simunic y el contundente Vorsah (mundialista con Ghana) constituyen el eje de una zaga que abrochan por los laterales Compper y Beck. Equilibrio en una liga de equipos anárquicos. Buen ojo en los fichajes. Jugadores jóvenes que son a un tiempo estrellas en potencia y futuros traspasos. Y todo bajo las órdenes de un técnico muy notable, llamado a cotas mayores. Como ejemplo, el último partido. Para recibir al Schalke, Ragnick aleccionó a sus hombres: había que presionar a la defensa de Gelsenkirchen. Y lo hicieron, pellizcando constantemente el talón de Aquilés minero, es decir, la presencia de Metzelder como lateral derecho. Sólo el buen partido de Manuel Neuer evitó un marcador más abultado que el 2-0 final.
Lo dicho: el Hoffenheim es una grata, pero calculada sorpresa.
El Maguncia de Thomas Tuchel, se convirtió en co-líder junto al Hoffenheim tras ganar el domingo al Kaiserslautern (2-1). Con justicia se le puede considerar la segunda grata sorpresa de la Bundesliga. Así que en los próximos días le dedicaremos un artículo al modesto conjunto rojillo.
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