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Resacón en Baviera

Por Redacción • 5 Oct 2010 a las 20:12 • Categoría: Crónicas, La jornada

Múnich apura estos días las últimas jornadas de su Oktoberfest, la fiesta que pone a la capital de Baviera en el mapa mundial de los grandes desmadres colectivos. Los paseos por el Wiesn (el prado, el recinto en el que se sitúan las inmensas carpas de las grandes marcas cerveceras) suelen incluir un elevadísimo consumo alcohólico, una abundante ingesta de alimentos típicos bávaros y, a partir de ciertas horas, la visión menos agradable de la combinación de ambos excesos. Tradicionalmente, esta fiesta tenía un incentivo añadido: la posibilidad de ver de cerca a la plantilla del Bayern, orgullo regional en permanente ejercicio de su hegemonía sobre el fútbol alemán. Este año no ha sido así.

Louis van Gaal ha optado por recluir a sus hombres en las canchas de entrenamiento y cancelar la clásica visita al Wiesn, muy relacionada con los compromisos comerciales del club. El peor arranque liguero del Bayern de las últimas 44 temporadas ha llevado al holandés a adoptar semejante medida. ¿Castiga a sus jugadores o los protege de la prensa y la afición, mosqueadas por los 13 puntos que ya separan a los bávaros del liderato? Probablemente ambas cosas.

Que esta Oktoberfest no haya legado las acostumbradas imágenes de exaltación ‘cervecera’ de la amistad entre unas estrellas del balón disfrazadas con el traje típico bávaro y armadas permanentemente con una jarra de litro evidencia el grado de alarma que cunde en la zona noble del Allianz-Arena. “Estamos metidos en la mierda, y ahora tenemos que encontrar la manera de salir de ella”, ha resumido Karl-Heinz Rummenigge de forma gráfica. El pésimo comienzo de temporada ha sobrepasado las peores expectativas pero no debería sorprender: Van Gaal ya lo vaticinó en verano. Y la estadística avala sus advertencias.

El rendimiento del Bayern de Múnich siempre ha acusado cierta bajón en cada temporada post-mundialista. De las 11 ediciones de la Bundesliga que siguieron a la celebración de una Copa del Mundo, el cuadro muniqués sólo logró proclamarse campeón en tres. Una ratio muy pobre comparada con su balance general: 21 títulos ligueros sobre 45 posibles. Como demuestra el gráfico -con datos de la revista Kicker-, la abundante participación de futbolistas del Bayern en las Copas del Mundo históricamente implica un empobrecimiento en sus actuaciones posteriores con el club. Los nombres cambian pero la situación no: invariablemente, desde hace cuatro décadas, la columna vertebral de la selección germana siempre procede del vestuario rojiblanco. La resaca mundialista supone, a la luz de esta estadística, un tributo de obligado cumplimiento en Múnich. Sin embargo, el peaje de esta temporada parece especialmente ominoso para los intereses bávaros. ¿Por qué?

Una pregunta así no encuentra una única respuesta, sino más bien una combinación de ellas. Por un lado, evidentemente, el cansancio de una plantilla en la que más de la mitad de sus componentes (13) no sólo disputó el Mundial, sino que lo peleó hasta el último fin de semana de competición. Sólo el argentino Demichelis y el francés Ribery retornaron a Europa antes de las dos finales de Sudáfrica. Los expedicionarios alemanes alcanzaron el partido por el 3er puesto y los dos holandeses (Robben y Van Bommel), la final ante España, retrasando por ello el inicio de su pretemporada.

Ese punto de velocidad que lucieron hace unos meses hombres como Thomas Müller, Philipp Lahm o Bastian Schweinsteiger llegará con el tiempo, promete Van Gaal. Y seguro que será así. El holandés, en todo caso, no tiene esa misma percepción con otros hombres, como Miroslav Klose. El prestigio del polaco, resucitado en África, parece haber caducado para Van Gaal, quien vuelve a dudar de su rendimiento como ya hizo la campaña anterior. Por su parte, el presidente de la entidad, Uli Hoeneß, no duda en lanzar dardos envenenados: “algunos tienen que bajar de las nubes en las que se instalaron tras la magnífica temporada anterior y el buen Mundial”.

A los factores meramente físicos se añade el extra de motivación que espolea a todo jugador susceptible de participar en una Copa del Mundo durante el curso inmediatamente anterior a su celebración. En el verano de 2011 no hay Mundial ni Eurocopa, y por tanto no existe una meta especial que aumente la competitividad individual de ciertos futbolistas. A ese mismo plano mental pertenece también la falta de tensión que padece el Bayern al comenzar las temporadas. Los muniqueses están acostumbrados a dibujar una curva creciente en su rendimiento y resultados conforme el calendario se acerca a la fase decisiva de la temporada. Como en el ejercicio pasado. Claro que entonces Van Gaal acababa de llegar, y entonces el frío arranque se consideró una consecuencia de la novedad en la dirección. Este año, por contra, el Bayern es un grupo consolidado que sabe a lo que juega (o debería). “Tenemos ocasiones, pero no las materializamos. Es una cuestión de puntería y tiempo”, insiste el técnico.

La delantera es precisamente el epicentro de todas las críticas. Cinco tantos en siete partidos constituyen un pobre balance para una entidad acostumbrada a golear a sus rivales domésticos: el año pasado, y a pesar de ese dubitativo inicio, el Bayern ya acumulaba 13 dianas a estas alturas. Lo más lacerante para la vanguardia muniquesa es que no ha firmado ninguno de esos cinco goles ligueros. Olic no se parece al del año pasado, Klose no es el del Mundial y Gómez… Gómez lamentablemente sí que permanece instalado en la peor versión de sí mismo, esa que ha embarrado su progresión desde su llegada al Allianz-Arena en 2009. “Su falta de puntería constituye la mejor exponente de los males que acucian al ataque del Bayern: siempre esforzado, pero siempre un segundo más lento, un centímetro más lejos… siempre desacertado”, valora Der Spiegel.

Muy vinculado con la baja eficacia de la delantera se adivina otro gran hándicap para este Bayern 10/11: las lesiones de Arjen Robben y Franck Ribéry. El holandés será baja hasta el invierno, debido a un problema muscular previo a su participación en el Mundial y que ha generado no poca tensión entre el club que le paga y su selección. La ausencia del francés, por su parte, constituye la última cuenta de un rosario de vicisitudes personales y futbolísticas que están mermando su rendimiento: lesiones, líos de faldas, pésimo y tormentoso Mundial con Francia, y de nuevo una inoportuna contusión. Entre ambos firmaron 19 goles el ejercicio pasado. Sin ellos sobre el césped -y con Müller y Schweinsteiger recuperando su mejor nivel- el Bayern carece de jugadores con calidad suficiente como para desequilibrar los partidos por mucha posesión de la pelota que tenga.

Pero repetir como una letanía que la ausencia de las dos estrellas explica por sí sola el mal estado de forma bávaro es una tentación demasiado simplista. “Tenemos que dejar de lloriquear por ellos. Su hueco tendría que ser cubierto por otros”, exclamaba Hoeneß tras la derrota en Dortmund. Sus palabras abren algunas dudas sobre el fondo de armario muniqués, y más después de un verano en el que el Bayern se ha destacado como único conjunto de la Bundesliga -y de cierto nivel en el concierto internacional- que no ha incorporado a un solo futbolista. Algo especialmente inexplicable en materia defensiva, donde un central y un lateral habrían mejorado a ojos vista la actual situación. Ya el año pasado, a pesar del doblete, el Bayern encajó la nada despreciable cifra de 46 goles.

Pero las dudas no afectan únicamente a las posiciones más retrasadas. Las actuaciones de Demichelis y Gómez ante el Borussia, las primeras de cierta duración esta temporada, justifican sobradamente sus suplencias. Ninguno de los dos supone ahora mismo un relevo de garantías ni un acicate para motivar a los teóricamente titulares. Esa falta de competencia afecta también a otras demarcaciones, como el centro del campo, donde ni Ottl ni Timoschuck poseen el fútbol suficiente como para plantearle cambios a Van Gaal cuando llega el momento confeccionar las alineaciones. En cambio, el holandés si parece vacilar con la identidad de su mediapunta central: Kroos, Müller, Schweinsteiger o incluso Klose han llegado a ejercer de ‘pasador’ tras el punta sin que ninguno haya rendido al nivel esperado.

Sólo un detalle puede aliviar la pesadumbre que se ha instalado en Múnich: su mal arranque ha coincidido con un hundimiento generalizado de la aristocracia futbolística alemana. Ni Stuttgart, ni Wolfsburgo, ni Schalke ni Werder lideran la tabla, sino un humilde Maguncia al que pocos ven a día de hoy capaz de levantar la Ensaladera en primavera. A Hoeneß, de cualquier modo, ya no le valen las excusas: “Como no empecemos a ganar no vamos a ser capaces de disminuir esta diferencia de puntos con la cabeza antes del parón invernal”.

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2 comentarios »

  1. No deja de ser curioso que sea precisamente después de que el el Bayern “ganara” la Copa del Mundo del 74 cuando alcanzó su peor clasificación.

    La verdad es que la planificación de la plantilla este año ha sido horrenda, y la lesión de Robben les ha dejado muy tocados. Lo de Ribery es caso aparte, ya estaba rindiendo bastante mal antes de la lesión.

    Veremos como se las ingenia Van Gaal para salir de esta situación. Sólo espero que la directiva tenga paciencia.

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