Pelé al otro lado del Muro: un extranjero en la liga de la RDA
Por Aitor Lagunas • 14 Oct 2010 a las 21:22 • Categoría: Historia, Jugadores míticos
La República Democrática Alemana pasó a los libros de historia, en buena medida, por culpa de su claustrofóbico y opresivo régimen. El Muro de Berlín y la frontera inter-alemana no eran sino las paredes de una gran cárcel con forma de Estado soberano. Una nación de la que prácticamente nadie podía salir y a la que pocos querían entrar. Ello también repercutió en su modesta liga de fútbol, la Oberliga, vetada a los jugadores extranjeros. Hasta en eso se mostraron herméticos los dirigentes de la RDA.
El Comité Central de la Asociación de Fútbol de la RDA decidió el 16 de enero de 1961 -el mismo año en que se levantaría el Muro- alzar un telón infranqueable sobre las fronteras balompédicas del pequeño país centroeuropeo: oficialmente no podría participar ningún ciudadano extranjero en las categorías más altas de la Oberliga. “En realidad, desde la fundación de la liga germano-oriental, en 1949, ya no jugaban foráneos en la primera división”, recuerda el responsable del Museo del Fútbol de Dresde, Jens Genschmar. “Sin embargo, en segunda división sí que se siguieron alineando extranjeros: incluso hubo un conjunto exclusivamente compuesto por jugadores soviéticos”, comenta Genschmar a la web medien-mittweida.de. Lamentablemente no cita de qué club se trataba.
La legislación buscaba reforzar el nivel del futbolista autóctono. Para la RDA, los atletas no eran sino embajadores en pantalón corto. Su diplomacia deportiva alcanzó su mayor expresión en los Juegos Olímpicos, en los que la RDA compareció hasta 1964 de forma conjunta con la RFA en el ‘Equipo Unificado Alemán’ y que posteriormente, ya en solitario, le convirtieron en una potencia mundial. Un plan de entrenamiento intensivo, una labor formadora desde las bases y, cómo no, una esforzada legión de químicos en permanente búsqueda de sustancias para aumentar la competitividad de sus atletas explicaban la hipertrofia olímpica de un país tan pequeño. Con 153 preseas de oro en cinco ediciones, aún hoy la República Democrática Alemana ocupa la novena posición en el medallero histórico.
“Esa normativa buscaba la formación de futbolistas de élite autóctonos en la RDA”, apunta Genschmar, “con el convencimiento de que los extranjeros habrían molestado esa progresión”. Cabe preguntarse si en esa decisión se citaban otros aspectos como la protección de la homogeneidad (ideológica, social) de la población germano-oriental o el rechazo a superprofesionalizar su fútbol con fichajes inflacionistas ‘al modo occidental’.
Una excepción a la regla
En un sistema tan férreamente vigilado, sorprende conocer algunas historias excepcionales. Ya se ha comentado la existencia algo misteriosa de un club en DDR-Liga (2ª división) compuesto casi en su totalidad por jugadores soviéticos (¿tal vez soldados del Ejército Rojo destacados en Alemania del Este?). En otros textos de internet se aluden a ciertos jugadores polacos o húngaros, sin mayores detalles. Buscando y buscando, sólo trasciende un apodo de tintes míticos: Pelé.
Chérif Souleymane, alias Pelé, jugó en la DDR-Liga a comienzos de los años 60. Aterrizó en Berlín-Este como estudiante guineano de Arquitectura en el marco de un programa de intercambio entre la RDA y algunas naciones apenas descolonizadas en el Tercer Mundo. En 1961, el entrenador Gottfried Eisler lo vio jugar con un modesto conjunto y le invitó a probar con el Neubrandenburg, de segunda categoría.
El africano agradó y comenzó a disputar encuentros como titular en la DDR-Liga. “Chérif nos ayudó mucho a mejorar”, recuerda uno de sus compañeros en el centro del campo, Jürgen Schröder. Tanto colaboró que el Neubrandenburg obtuvo en la temporada 1963/64, por primera y única vez en su historia, el ascenso a la DDR-Oberliga, el máximo escalón del balompié germano-oriental. Pelé, ‘la perla negra’ del gris fútbol de la RDA, aportó 12 goles fundamentales para el sorprendente éxito de un club humilde y una plantilla joven (23 años de media), sin ningún componente con experiencia en primera división. Sólo alguno de ellos adquiriría con el tiempo mayor relevancia, como el centrocampista Erich Hamman. Tras sus prometedores inicios en el Neubrandenburg, Hamman recalaría en el Vorwärts de Fráncfort del Oder, pero sobre todo será recordado por
participar en la única Copa del Mundo con presencia de la RDA: la de 1974, justamente en suelo de la RFA. Hamman protagonizó además el mítico partido entre las dos Alemanias al facilitar la asistencia de gol que Jürgen Sparwasser transformaría en la mayor gloria del fútbol germano-oriental. Después de aquel sorprendente y politizado marcador (RFA 0-RDA 1), Sparwasser admitiría: “el 50% del gol fue mérito de Erich Hamman”.
Pero volvamos a Neubrandenburg. Al ascender, las autoridades le obligaron a prescindir de ‘su’ Pelé. Y sin él, la aventura en la élite sólo duró una temporada, la del debut (1964/65). “Quizá con él podríamos haber evitado el descenso”, admite Jürgen Schröder. Su comentario parece algo irónico a la luz de la carrera posterior de Chérif Souleymane. Cuando acabó Arquitectura, dejó Alemania Oriental para regresar a Guinea. Allí se enroló en el Hafia de Conakry, con el que se hartó de ganar ligas y copas nacionales pero sobre todo logró tres grandes hitos: liderar al primer equipo guineano en levantar la Champions africana, participar en los Juegos Olímpicos de 1968 y ser coronado como mejor jugador de África en 1972.
El Neubrandenburg jamás volvió a contar con un jugador de su clase en sus filas. Tras la reunificación, el club se vio empujado a aceptar repetidas fusiones y actualmente compite en la Verbandsliga de Mecklemburgo-Antepomerania, el equivalente a la sexta división. Sus escasos aficionados pueden alardear, eso sí, de haber disfrutado con una de las poquísimas estrellas extranjeras en la RDA: el Pelé del otro lado del Muro.

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