Los dos modelos del Ruhr, la Oktoberfest y el milagro del Maguncia
Por Redacción • 20 Sep 2010 a las 20:21 • Categoría: Crónicas, La jornada“En cualquier otro club, probablemente ya se habría empezado a discutir sobre el entrenador. En el Schalke ni se dan ni se darán esos debates: Magath está contractualmente blindado en Gelsenkirchen. Es prácticamente imposible que lo echen”. Así reza la columna de Klaus Wille en el diario Der Western, la cabecera regional del Ruhr, el día después del desastre azulón frente el Borussia. Sobre la continuidad de Magath, oficialmente, no se habla en las plantas nobles del Veltins-Arena entre otras cosas porque el manager del club es… el propio Magath. No me digan que no está bien pensado: cobra dos jugosos salarios, hace y deshace en materia de fichajes, y encima se protege de posibles despidos siendo su propio jefe. Brillante.
En la planta noble tal vez no, pero desde luego, en las gradas sí se discute ya la capacidad del todopoderoso Felix para enderezar el rumbo de la nave Königsblau. Expresiones como “esto es un desastre”, “para qué hemos gastado 13 millones en el español [Jurado] si no le hace jugar” o “no somos capaces de trenzar una sola jugada” fueron extendiéndose ayer por el Veltins-Arena, para culminar en un tímido pero audible “Magath raus“. Fuera Magath.
Después de tres derrotas en los tres primeros encuentros de liga, además de un debut también infructuoso en Champions contra el Lyon, alguien pensó que los problemas del Schalke podían solventarse con una victoria en el clásico más caliente del fútbol germano. “El derby llega en el momento justo”, proclamaron días antes Raúl y Huntelaar por separado. Y es verdad, llegó en el momento justo… pero para demostrar la sideral distancia que media entre los dos conjuntos señeros de la cuenca del Ruhr. Este Schalke había dado evidenciado cierta falta de acoplamiento, hasta cierto punto normal en un vestuario del que habían salido 16 jugadores y al que habían entrado 14 en sólo dos meses. Pero lo de ayer fue mucho más allá: una abominable defensa en la que Plestan -un grisáceo central francés- le ha ganado el puesto a Metzelder, un centro del campo sin luz ni brújula y ni tan siquiera músculo, y una delantera despeinada, desconectada, descolgada. Todo ello pergueñado por un Magath apático, que contempló el naufragio sin levantarse del banquillo. Ayer saltaron al Veltins-Arena once tíos vestidos con el mismo uniforme azul, pero no un equipo de fútbol. Un manojo de nervios con piernas, jugadores que persiguen sombras y dudan cuando tienen la pelota. “Magath, raus“.
Mientras, el Borussia confirmó que se encuentra en plena recuperación del prestigio que perdió tras ganar la Champions en 1997 y la Bundesliga en 2002. Después de dilapidar decenas de millones a comienzos de siglo, lo que puso en peligro la propia pervivencia de la entidad, los directivos de Dortmund apostaron hace algo más de un año por Jürgen Klopp. Él ha insuflado un aire renovado al vetusto Westfaliastadion. Tácticas modernas, fútbol vertiginoso, canteranos brillantes y un par de fichajes acertados. El de Kagawa será estudiado en el futuro como un ejemplo de inversión futbolística modelica: 350.000 euros al Cerezo Osaka por un mediapunta burlón y goleador (lleva tres tantos en cuatro partidos). El nipón forma parte de una de las vanguardias más sugerentes de la Bundesliga, con el aún adolescente Götze p0r la derecha, el igualmente joven Großkreutz por la izquierda y el paraguayo Barrios como nueve de referencia. Hacía cinco temporadas que el Borussia no ganaba en el Veltins-Arena, pero el domingo los de Dortmund no sólo vencieron: convencieron ante sus rivales regionales. Y, más importante aún, los Schwarzgelben dieron muestras de haber dejado atrás los errores de nuevo rico en los que tal vez esté cayendo ahora el Schalke.
El resto de la jornada deparó un intenso derby hamburgués que se aceleró en los último cuarto de hora. En el 77′, Fabian Boll -un interesante pivote con llegada- marcaba un tanto que adelantaba al Sankt Pauli y descorchaba la euforia en el recoleto Millerntor. Pero a dos para el final, Mladen Petric, que acababa de entrar en el terreno de juego, se inventó un latigazo imparable que dejó en tablas el duelo portuario.
El sábado, el Colonia logró pescar un punto en el Allianz Arena de una Múnich en plena Oktoberfest. Al Bayern le ocurre con esta fiesta algo parecido a los equipos sevillanos con la Feria de Abril: sus jugadores se despistan y bajan su efectividad. Si a ello le sumamos una plantilla con 13 mundialistas que todavía no terminan de carburar y el vil cerrojazo practicado por los visitantes -que nunca han perdido en el Allianz, siempre con la misma táctica- el 0-0 final parece menos sorprendente.
Sí sorprende, en cambio, contemplar en la cabeza de la clasificación al Maguncia. Su prometedor técnico, Thomas Tuchel, ha sabido confeccionar una camada de jugadores jóvenes en plena explosión futbolística. Holtby, Schurrle, Risse… nombres que aún no dicen demasiado pero que están llamados a acaparar portadas en un futuro no muy lejano. De momento lo dejamos aquí, sabedores de que en bundesfussball.com habrá que estudiar más detalladamente el milagro del Maguncia, que se coloca líder en solitario por primera vez en la historia de la Bundesliga.
Otros focos de interés estuvieron en Stuttgart y Wolfsburgo, dos clubes de la zona media-alta que aún no habían puntuado. Los del Daimmler Stadion se desataron contra un exasperantemente irregular Borussia Mönchengladbach, capaz de derrotar por 3-6 al Bayer Leverkusen hace dos semanas y después encajar 11 goles en las siguientes dos jornadas (0-4 ante el Eintracht y 7-0 del Stuttgart). Por su parte, los del Volkswagen Arena se impusieron en un partido correcto a sus rivales regionales de la capital de la Baja Sajonia, el Hanover. El 2-0, además de inaugurar el casillero de Steve McClaren y su ambiciosa cuadrilla de estrellas, dejó una horrorosa entrada de Djakpa a Diego más propia de las artes marciales que del balompié. Ambas victorias, tanto la del Stuttgart como la del Wolfsburgo, no hacen sino agravar aún más la crisis del Schalke, único conjunto que todavía no conoce a qué saben los puntos en esta Bundesliga 2010/11.
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