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El retorno de SuperMario

Por Aitor Lagunas • 18 Oct 2010 a las 19:54 • Categoría: Crónicas, La jornada

Una de las tradiciones más clásicas y peculiares del fútbol alemán tiene lugar en los instantes posteriores al pitido final. Cuando los árbitros decretan el término de los 90 minutos reglamentarios, los roles se invierten: los futbolistas se transforman en hinchas y los aficionados reciben el homenaje de los jugadores, sobre todo si estos se han hecho con los tres puntos. La plantilla vencedora suele comparecer ante el fondo ocupado por los seguidores más ruidosos del estadio y, agarrada por las manos, saluda levantando los brazos mecánicamente ante la hinchada, que corea cada golpe de hombro como si fuera un gol. Este sábado se vivió una escena parecida en el Allianz-Arena después de mucho tiempo: la última victoria del Bayern en su terreno databa del pasado 20 de agosto. Después de aquel primer encuentro de la Bundesliga ante el Wolfsburgo llegarían dos empates frente a Werder y Colonia y una derrota a manos del sorprendente Maguncia.

Este sábado se puso punto final a esa sequía ganadora. El Hanover ejerció de víctima propiciatoria ante un Bayern mermado por las bajas y asediado por las críticas a su peor arranque liguero desde 1966. Pero quienes escrutaron la celebración aliviada de los hombres de Louis van Gaal no pudieron contemplar al auténtico responsable del triunfo: Mario Gómez. Autor de los tres tantos bávaros, Gómez se esfumó en cuanto el colegiado dio por concluido el encuentro, un detalle muy inusual en el balompié germano.

Gómez acarrea la pesada etiqueta del traspaso más elevado dentro de la Bundesliga. El Bayern desembolsó más de 30 millones de euros en el verano de 2009 por un ariete que a sus 24 años ya había levantado una inesperada ensaladera con el Stuttgart (63 tantos en 121 encuentros con los suabos) y en 2007 había  merecido el galardón de Mejor jugador del año. Gómez llegaba a Baviera como la más ambiciosa promesa para heredar en la selección teutona el 9 de Klose, a quien supuestamente habría de suplir también en el club muniqués. Sin embargo, todas esas expectativas no se cumplieron. En la pasada temporada, su primera a orillas del Isar, Gómez dejó de marcar, luego dejó de inquietar a los rivales y finalmente dejó de jugar. Tantas dudas se despertaron en torno a su capacidad que en algunos momentos él mismo también pareció dudar: su última diana en Bundesliga databa del 13 de febrero. El ‘SuperMario’ del Stuttgart fue desapareciendo sin dejar rastro y en su lugar sólo aparecía un tal Gómez, un delantero torpón y grisáceo.

Por eso, sus tres goles al Hanover -tantos como todos los que firmó en la segunda vuelta de la última campaña- le sirvieron como reivindicación liberadora. Y por eso no los quiso celebrar con los mismos hinchas que han silbado sus desacertadas actuaciones. Ni al lado un entrenador que no confía en él (sólo fue titular por las lesiones de Klose y Olic). Ni ante una directiva que comenzaba a tildarlo de “error más caro del club”.

“He marcado el primer gol en el minuto 21; suelo entrar en el 75 así que muchas veces no me da tiempo de encontrar esas oportunidades en sólo un cuarto de hora”, se defendía el goleador. Y tiene razón. En las primeras seis jornadas de esta campaña, van Gaal le ha dado entrada cinco veces entre el minuto 71 y el 78 con un resultado frustrante: cero goles. Gómez se encuentra incómodo con su papel de recambio del recambio, plan C del Bayern, sobre todo porque su suplencia comienza a lastrar su carrera y le aleja de la selección. Este verano llegó a suplicar a la directiva que le abriesen las puertas para enrolarse en el Liverpool, pero Karl-Heinz Rummenigge paralizó el acuerdo en el último momento del mercado de fichajes.

Esa falta de continuidad se nota en algunos gestos. No tiene la punta de velocidad que le hizo temible en el Stuttgart de Armin Veh, junto a Cacau. Tampoco el asombroso acierto que le dio fama. Ni siquiera la seguridad que todo goleador necesita. Tras el partido ante el Hanover, Gómez pronunciaría unas palabras desconcertantes: “Cuando ví que uno de los mineros que salía del accidente de Copiapó (Chile) se llamaba Mario Gómez, supe que este partido me iba a salir bien. Además los mineros eran 33, justo como mi dorsal”. Argumentos esotéricos que evidencian su precario estado psicológico.

En cualquier caso, gracias al retorno de ‘SuperMario’, el Bayern detiene su nociva espiral de resultados. Sigue embarrado en la zona insulsa de la clasificación pero, con tres rivales asequibles en las próximas cuatro jornadas (Friburgo y Nuremburgo en casa, visita a Mönchengladbach), el cuadro muniqués confía en recortar la diferencia de 10 puntos con el líder de forma sustancial antes del parón invernal. Y Gómez, que incluso mereció palabras de elogio de van Gaal, puede contar con repetir titularidad en el partido de Champions ante el Cluj. Una buena actuación frente a los rumanos podría darle al hispano-alemán la llave de la titularidad bávara… sin depender de lesiones ajenas. “Uno sólo disfruta del fútbol cuando tiene continuidad”, proclama el alemán más granadino de la Bundesliga. El ‘Tor-ero’ (de tor, gol en alemán) ha vuelto al ruedo.

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