El retorno de lo reprimido
Por Daniel Cadena Jordan • 18 Feb 2011 a las 14:44 • Categoría: Historia
“Le dimos una alegría a la generación mayor. Vi sus emociones, sus lágrimas”
Ruud Gullit
Sigmund Freud se refiere con el retorno de lo reprimido a un reaparecer de traumas del pasado en formas bastante peculiares. Parece ser el caso de lo ocurrido con la nueva Holanda, la de 1988. Con Gullit, Rijkaard, van Basten, Koeman y el resto de la Naranja Mecánica 2.0, Alemania tendría nuevamente a un archirrival a la altura de la competencia. Este segundo episodio en la turbulenta relación entre ambos volvería a ocurrir en Alemania, pero 14 años después.
El partido fue como de esperar: peleado, físico y agresivo. Ningún equipo se rindió hasta el final, cuando Holanda logró imponerse ante Alemania. Sin embargo, lo más llamativo del juego fue justamente esa rivalidad tan fuerte entre ambas selecciones –incluso se puede argumentar que a los alemanes les cayó de sorpresa la intensidad y germanofobia de los holandeses-. Siendo el fútbol uno de los reflejos de la sociedad, el nexo entre el antigermanismo y Holanda era ineludible. La Segunda Guerra Mundial cicatrizó a neerlandeses y se les inculcó que sus vecinos del este eran viles.
Se les acusaba –correctamente ha de ser dicho- de haber abusado de la población holandesa y de ocupar lo que no era suyo. Sin embargo, y como sostiene David Winner, Inglaterra, Francia, Bélgica, Rusia y Polonia sufrieron mucho más en la guerra que los holandeses, y aun así, en todos esos países –incluyendo Inglaterra, quienes tienen una fijación en particular con Alemania- la rivalidad no se compara. Ni con la eliminación del Mundial en 1966 a los soviéticos, ni en 1974 a los polacos, ni en 1982 con la eliminación –y brutal encontronazo del jugador francés Battiston y Schumacher- de Francia, hay un trauma deportivo con los teutones.
El historiador Hermann von der Dunk tiene una teoría al respecto: “Holanda no experimentó la Gran Guerra, lo que fue una experiencia enorme para los demás. Holanda era neutral desde las guerras napoleónicas. Era una sociedad más bien tranquila. Se veían a sí mismos como espectadores de la política internacional. Así que la ocupación nazi fue un mayor shock para ellos que para los belgas, franceses o europeos de oriente”.
La imagen que mejor representa este antigermanismo es la de Ronald Koeman simulando limpiarse el trasero con la camiseta de Olaf Thon. Sin poder ser de otra manera, la reacción del público germano y los medios fue un completo desprecio por todo lo holandés. Una especie de “si ellos nos odian, los odiaremos más”.
Así pues, ocurrió una pequeña revancha en un gran historial de enfrentamientos. Holanda pudo desquitarse lo ocurrido 14 años antes, cuando Alemania se coronó campeón en 1974. Lo cierto es que el destino deparaba un encuentro más, que definiría quién dominaría a quién. A la tercera, vendría la vencida.
“Estuve esperando 14 años para este momento. Antes del partido, recordaba la rabia que sentí como adolecente viendo el partido por la TV. Estoy feliz de haberle dado esta alegría a la generación mayor, a los que vivieron la guerra”
Hans van Breukelen
Aquella semifinal de la Euro’88 en suelo de la RFA está, al completo, subida en You Tube: disfrutadla
Daniel Cadena Jordan es Licenciado en Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana de Caracas. Coordinador de la sección de deportes del semanario El Municipal y colaborador frecuente de Guayoyo En Letras y la Naranja Pelada, periódico de la Universidad Metropolitana. Su perfil en Twitter es: www.twitter.com/mistermoezig
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