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Dortmund: de una negra pesadilla al sueño de oro

Por Aitor Lagunas • 17 Jan 2011 a las 14:47 • Categoría: Opinión

La fecha del 8 de mayo de 2002 permanece inscrita en la memoria de los aficionados al Borussia de Dortmund. Aquella tarde primaveral, el equipo que había osado retar la hegemonía del todopoderoso Bayern durante el final del siglo XX y el inicio del XXI besó la lona en una ajustada final de la Copa de la Uefa ante el Feyenoord. El gigantón Pierre van Hooijdonk y el oportunista Jon Dahl Tomasson certificaron la derrota de los germanos (3-2) en un encuentro disputado, casualmente, en Rótterdam. Han pasado ocho largos años y el Borussia no ha vuelto a verse tan cerca de un título internacional.

A finales de los 90 existía la sensación de que el fútbol alemán había encontrado por fin un rival a la altura del todopoderoso Bayern

Los 20.000 hinchas del BVB que abandonaron derrotados la ‘bañera’ de Kuip no sospechaban que con esos 90 minutos terminaba la edad de oro del conjunto del Ruhr. Sólo unos días antes, el cuadro entrenado por Matthias Sammer levantaba su tercera ensaladera como campeón de la Bundesliga. En su vestuario se cambiaban clásicos del fútbol alemán como Jens Lehman, Jürgen Kohler, Stefan Reuter, Christian Wörns o Fredi Bobic junto a promesas de un futuro brillante como Sebastian Kehl, Dedé, David Odonkor y, a años luz de todos ellos, Thomas Rosicky. Otros dos extranjeros completaban una formación sumamente competitiva: el brasileño Marcio Amoroso y el checo Jan Koller.

Vista con perspectiva, esa derrota de Rótterdam transpiraba algo de simetría poética. La edad de oro del Borussia moderno había arrancado en 1993, justo 9 años antes, con otra derrota en una final de la Uefa. El rival: la Juventus, el gran cuadro italiano del cambio de siglo y que volvería a cruzarse con el Dortmund a lo largo de la década. Entre ambas finales, las vitrinas Schwarzgelbe se ampliaron para dar cobijo a tres Bundesligas (1995, 96 y 2002), una Champions (lograda sobre la Juve) y una Copa Intercontinental. Semejante palmarés sustentaba a finales de los 90 la sensación de que el Bayern había encontrado por fin un rival a su altura en aquel rincón de Renania-Westfalia en el que la sombra oscura del carbón y los reflejos dorados de la cerveza colorean una de las pasiones balompédica más puras del mundo.

Tan pura es la pasión de Dortmund por su equipo que ni la marcha al Bayern del artífice de esa secuencia exitosa, Ottmar Hitzfeld, ni el hundimiento del club tras la primavera de 2002 mermaron la asistencia al viejo Westfalenstadion. Temporada tras temporada, los seguidores del Borussia han arrojado los promedios de asistencia más altos del continente, con independencia de que lo mostrado sobre el césped no lo merecía. La peliaguda situación económica alcanzó ribetes dramáticos cuando en la campaña 2003-04 se hacía público el volumen de una deuda (100 millones de euros) que comprometía seriamente la supervivencia de la entidad.

La afición se movilizó entonces no sólo para apoyar al equipo desde la grada cada fin de semana, sino también en la calle para forzar los cambios en las plantas nobles. Las manifestaciones se sucedieron hasta conseguir la dimisión de la dupla compuesta por Gerd Niebaum en la presidencia y Michael Meier en la gestión, cuando el Borussia rozaba ya la insolvencia financiera. Ambos nombres han pasado a la historia negra de la gerencia deportiva en Alemania. Meier ratificaría después su pésima labor en Dortmund con otra igual o peor en Colonia.

Desde ese momento (2005), y con un nuevo presidente (Reinhard Rauball, dirigente del Partido Socialdemócrata y presidente de la Liga de Fútbol Profesional alemana) el BVB ha dibujado una recuperación lenta pero segura. La combinación de unas espartanas medidas financieras para enjugar la deuda y una acertada política deportiva basada en la captación de jóvenes (y baratas) figuras está fructificando. El Westfalenstadion lleva ahora el nombre de una gris aseguradora (Signal Iduna) pero a nadie le importa en Dortmund: el Borussia es campeón de otoño y con 14 puntos de ventaja sobre el Bayern encara la segunda vuelta con inmejorables perspectivas.

En la figura de Michael Zorc se adivina el cordón que anuda aquella época gloriosa de finales de los 90 con la brillante campaña actual. Como futbolista, Zorc se enfundó en 463 ocasiones la zamarra amarilla, hasta su retirada en 1998. Ahora ejerce como estricto e intuitivo director deportivo: gasta poco pero acierta mucho, un leitmotiv tan obvio como poco frecuente en otros clubes.

Sus aciertos no sólo se limitan al ámbito de los futbolistas, donde destacan algunas gangas como el ariete paraguayo Lucas Barrios o, especialmente, el mediapunta nipón Shinji Kagawa (350.000 euros). Incluso más importante que su buen ojo para los futbolistas fue su determinación por traer a Dortmund al entrenador con más futuro de Alemania: Jürgen Klopp. Sin él resulta imposible explicar el crecimiento de este Borussia que ha asombrado a Europa con su furiosa primera vuelta.

Klopp procede de la misma región que Jürgen Klinsmann o Joachim Löw: Baden-Wurtemberg. También Ralf Rangnick, gurú de ese milagro llamado Hoffenheim, y Thomas Tuchel, la joven sensación de los banquillos germanos gracias a su papel al frente del Mainz, vienen de aquella esquina al suroeste del país. Los cinco comparten algo más que las raíces: todos se conocen y cada uno ha trabajado, al menos, con otro de los cuatro, de forma que el trasvase de conocimientos ha sido tan constante que ha terminado por alumbrar cierto estilo común. Sus trazos fundamentales son el buen trato del balón, el gusto por el fútbol ofensivo y la apuesta entregada por el futbolista joven. Klopp reúne esos tres puntos y añade un cuarto: una personalidad atractiva, simpática, ingeniosa, que lo convierte en la verdadera estrella de este Borussia y protege de la atención mediática a sus imberbes futbolistas (dirige a la tercera plantilla más joven de Alemania, con 24,6 años de media).

Klopp se ha resistido a hablar del campeonato. Incluso esquivó molesto a un aficionado que intentaba entregarle una réplica de la ensaladera de Meister. Pero tras finalizar la primera vuelta con 10 puntos sobre el segundo no ha tenido más remedio que rendirse ante la evidencia: “tal vez haya que empezar a discutir el tema del campeonato”, admite con ironía. El 14 de mayo acaba la Liga. El objetivo es que para entonces ya nadie se acuerde de que otra tarde de primavera, en el ya lejano 2002, el Borussia de Dortmund comenzó a asomarse al abismo.

Un futuro asegurado…

Hummels, Subotic, Schmelzer, Sahin, Bender, Kagawa, Götze, Großkreutz… la lista de jóvenes talentos del BVB impresiona

15 victorias, un empate y dos derrotas; 42 goles a favor (el registro más alto de la Bundesliga) y 11 en contra (el más bajo). Las estadísticas, acaso más presentes en el fútbol alemán que en ningún otro, subrayan la fantástica primera mitad liguera del Borussia. Pero hay algo que los números no reflejan: el buen juego de los de Klopp. Y los principales beneficiados son sus futbolistas, que brillan ahora como nunca antes en su carrera. Hasta cuatro de ellos (el central Hummels, el lateral zurdo Schmelzer, y los mediapuntas Großkreutz y Mario Götze) han debutado en los últimos meses con la selección germana absoluta. A ellos se suma el doble pivote formado por el turco-alemán Nuri Sahin, más maduro que nunca, y Sven Bender. Pero la joya de la corona es el adolescente Götze (18 años): “es el mayor talento que ha pasado por la Federación alemana”, afirma Matthias Sammer. Un último dato: los seis futbolistas mencionados tienen una edad promedio de 21’16 años.

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