Capitán… salvo que vuelva Ballack
Por Redacción • 3 Sep 2010 a las 12:42 • Categoría: Opinión
Joachim Löw es un tipo inteligente. Sabe expresarse perfectamente, lo cual no sólo implica un amplio vocabulario sino un calculado uso del mismo. Dice exactamente aquello que desea ver publicado en el periódico del día siguiente e insinúa el resto. El caso Ballack es un claro ejemplo.
En primer lugar, a nadie se le escapa que la relación entre ambos en ningún caso va más allá de un correcto y austero trato entre jefe y subordinado. Nada más. Por eso, el sms que Löw le envió al centrocampista hace dos domingos, deseándole suerte en su retorno a la Bundesliga, se convirtió en noticia. El contacto nunca fue fluído; ahora es el mínimo necesario.
Ballack representa un perfil que en la nueva Mannschaft de Löw no tiene un encaje cómodo. Y no sólo por cuestiones futbolísticas -que también- sino porque su rol en el vestuario es la del líder clásico, el jefe de la manada. Y tras el Mundial de Sudáfrica -un torneo que ha consagrado al grupo por encima de las individualidades-, en la selección germana hay muchas voces que abogan por repartir esa responsabilidad entre varias espaldas: Lahm, Schweinsteiger o Khedira surgen como líderes de nuevo cuño, sin jerarquías tan marcadas ni pirámides de poder tan altas: unos primus inter pares.
Ballack era el capitán que, con todos sus galones, se enfrentó sobre el césped del Prater vienés al manager deportivo de la Federación, Oliver Bierhoff, minutos después de perder la Euro’08 ante España. O que a punto estuvo de llegar a las manos con Lukas Podolski en mitad de un partido de clasificación en Gales para reforzar su autoridad. Löw y Bierhoff -aliados en la DFB contra el director Matthias Sammer- son conscientes de que Lahm entiende la capitanía de otra manera.
Finalmente, Löw ha encontrado una solución salomónica: Ballack es el capitán… siempre que esté en la selección. Es inteligente y calculador, ya lo habíamos dicho. Y además no es amigo de tomar decisiones drásticas ni de compromisos arriesgados: le ha costado meses pronunciarse sobre la identidad del portero titular (Neuer, por delante de Adler y Wiese).
Eso es lo que Löw pronunció y al día siguiente publicaron los periódicos. Pero algunas de sus frases en la rueda de prensa previa al encuentro ante Bélgica son reveladoras y dejan entrever el complicado puzzle de intereses que se esconde tras las puertas del vestuario germano:
>> “Ahora no se encuentra en situación de ayudar al equipo”, afirmó Löw aludiendo a Ballack, que aún está saliendo de la lesión en el tobillo que le dejó fuera del Mundial.
>> “En octubre veremos si está para volver”. El 26 de septiembre, Ballack cumple 34 años y aún se encuentra lejos de estar al cien por cien. Siendo realistas, el primer partido internacional que podría aspirar a disputar Ballack sería el de noviembre.
>> “Le he dicho con total claridad que el Mundial ha generado una nueva situación. Bastian Schweinsteiger y Sami Khedira ocuparon perfectamente las posiciones de pivotes. De momento les sigo viendo en esa posición”. Löw piensa lo que casi todo el mundo: que Ballack no tiene demasiado sitio en esta selección.
Claro que ese último comentario también abre una ventana a la esperanza del veterano centrocampista. Ballack se fue al Chelsea por expreso deseo de Mourinho. Ahora, el portugués surge de nuevo en su carrera como su última esperanza para subirse al tren de la Mannschaft. Si ‘Mou’ sigue insistiendo en los problemas lingüisticos y de integración de Khedira (y también de Özil) para justificar su suplencia en el Madrid, ello supondría un argumento en favor del regreso del medio del Bayer Leverkusen.
¿Y Lahm que opina de todo esto? Sus primeras palabras exhudan malestar: “No he tenido ninguna reunión con Ballack ni la voy a tener. No sabía que tuviéramos que hablar”, espetó ante la prensa después de que Löw llevase semanas insistiendo en que lo mejor era una reunión a tres bandas para zanjar la polémica. Ya en julio, Ballack había anunciado (¿o amenazado?) al lateral del Bayern su deseo de charlar sobre la capitanía: “La próxima vez que le vea, tendremos que cruzar un par de palabras”.
Lahm, tercera persona de este triángulo futbolístico, parece decepcionado. Muchos especularon con que su arrebato en defensa del brazalete justo antes de las semifinales del Mundial ante España había estado sino auspiciada sí consentida por Löw. Ahora el muniqués comprueba que continuará de facto luciendo la bandera alemana en el brazo izquierdo… pero con una molesta letra pequeña al pie de su contrato: capitán salvo que vuelva Ballack.
Y Lahm sabe que Ballack, antes o después, volverá.
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